Mi toy boy y yo: amor puro, puro amors

Mi toy boy y yo: amor puro, puro amors

Un día me vino el síndrome JLO y me metí con un hombre menor que yo… Bueno, varios años menos que yo (aunque mayor de edad, obvio). Fíjense que me di cuenta de algo: las relaciones con jovencitos suelen ser mágicas en un comienzo porque son más intensos, más tiernos y cariñosos; están menos contaminados por este mundo traidor y, claro, también existe una necesidad de mantener a la mujer satisfecha, porque en teoría ha tenido más experiencias que él.

Mi toy boy y yo: amor puro, puro amors

Sin embargo aquí viene la contraparte: como todo hombre joven es vulnerable e inestable, por ende se distrae con cada paloma que cruza su camino y difícilmente mantiene la concentración mientras camina. ¿Para qué estamos con cosas? Las pendejas de hoy en día son expertas en el arte de la “intromisión en parejas ya constituidas”. ¿Por qué será que les gusta tanto el hombre comprometido? ¿Habrán escuchado mucho en su infancia aquella cancioncilla que rezaba “las mujeres dicen que el hombre casado sabe más bueno”? ¿O simplemente les emociona la idea de pensar “¡Ajá! Le voy a quitar el mino a esa vieja”? Porque obviamente cualquier mujer con dos años más que ellas ya es una candidata a dormir en el patio, para irse acostumbrando a la tierra.

Mi toy boy y yo: amor puro, puro amors

No quiero sonar anticuada, pero hace muchos años palabras como “te quiero” tenían peso, y ni hablar de un “te amo”; ahí casi era matrimonio seguro… Pero se han trillado, las han mancillado, y ahora son tan corrientes como decir “holi” a tu BFF.

Entonces, un día cualquiera, escuché de sus labios un “te quiero” y me quedé de una pieza. ¡O sea, hello! A la hora que dice algo más fuerte me tiro debajo de una micro. Trágame tierra. Más encima, en lugar de contestar “yo también” con esa vocecita suave y tierna que me aparece a veces… No dije nada. Ni pío. Me sentí incapaz, no porque el toy boy no me guste —que de hecho, me encanta—, es simplemente que me genera incertidumbre el real peso de sus sentimientos, y pensándolo con cuidado, ello mantiene claramente bloqueados los míos.

Mi toy boy y yo: amor puro, puro amors

Por suerte, el lolito no se percató de mi sutil forma de zafar la situación, cambiando bruscamente el tema por un “¡mira! Allá está lo que te dije el otro día que necesitaba”, pero con el paso de los días me veré en aprietos. Díganme, con la mano en el corazón… ¿qué puedo hacer?

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