Hola, soy una compra-adicta

Hola, soy una compra-adicta

Sí, me tomó años reconocerlo, soy una compra-adicta, pero ya está ¿no? Es lo que soy, si es cosa de que revises mis tres clóset, mi baúl lleno de carteras, o el lote de cajas de zapatos que ya olvidé cuántos pares tengo.

Nunca usé locomoción colectiva, no cocinaba, el servicio de delivery me alimentó durante años (es increíble la gran variedad de restoranes que se han adherido al sistema de reparto a domicilio).

Me suscribía en todos los gym de moda, compraba el mejor outfit para ir, y por supuesto nunca completé el tiempo de permanencia que pagué.

Podríamos decir que mi visa y yo éramos las mejores amigas; es increíble el poder que te da la tarjeta de crédito, lo puedes todo con ella, eres dueño del mundo, mientras más grande tu cupo más poderosa te sientes, llegas a un lugar y aunque en realidad estás sola, es como si fueras con mil guardaespaldas protegiéndote todo el tiempo, acariciando tu ego, rogándote “¡llévame, cómprame, úsame!

En resumen, vivía como una princesa. Y como toda compra-adicta, me esperaba el mismo final… Eventualmente quedé en la ruina.
Lo primero que pensé fue en saltar del piso veinte de mi edificio —tal como leen—; aunque suene demasiado dramático lo cierto es que viví por mucho tiempo en una perfecta burbuja, todo shining, jamás conocí la necesidad de “hacer cuentas” para ver si “podía” comprar o no ciertas cosas.

Luego de tocar fondo y vivir mi importante momento de pura desesperación resolví que tirarme de los pelos no solucionaría nada, por lo cual pasé a enfriar la cabeza, ordené mis ideas y decidí realizar una venta de todo, absolutamente todo lo que con sinceridad no estoy usando, me armé de valor, y rompí ese maldito plástico que alguna vez me sedujo con su poder y comencé a tomar decisiones que me ayudarían a ordenar mis finanzas. Pero la decisión más importante y más difícil es armarme de valor para no recaer en el consumismo, porque comprando es fácil llenar vacíos, pero fundamental es trabajar ese espacio que nos falta llenar.

¿Eres una compra-adicta como yo? Te dejo unos tips que podrían servirte. Yo ya he empezado a ponerlos en práctica:

Ordena tu clóset. Sin corazón, en serio, despréndete del amor por esa ropa que NO USAS, ponle precio, hazte un fanpage y ¡véndela ya! Además, los mejores Personal Shopper siempre han dicho: “menos es más en tu clóset, y muchas veces tenemos un montón de cosas que jamás usaremos”. Admito que soy de esas en un cien por ciento.

Haz una lista de tus gastos básicos. Luego cuadra tus ingresos con ello, paga todas-todas-todas tus cuentas y eso que estás mirando como un dinerito extra, velo como un dinero para ahorrar, ponlo en un chanchito, cuenta de ahorro, o whatever, pero júntalo, así cuando quieras comprar desesperadamente esa cartera de colección, te das el gusto… Pero en cash.

– Si eres inconstante como yo y te da flojera ir al gym, porque digámoslo, es todo un desafío ir, entonces camina. Practica una rutina de caminata, tal vez matas dos pájaros de un tiro, ahorras el taxi (y no usas locomoción colectiva, que es un desastre), te ahorras la suscripción al gym de moda… Y la sagrada selfie, querida, te la puedes sacar en la plaza más bonita que pilles en el camino.

– Si también eres fan del delivery, amiga del sushi y toda esa vida maravillosa, te cuento que está full de moda aprender a cocinar, no por nada el reality Masterchef fue todo un éxito, so… te invito a unirte conmigo a la gran cruzada de aprender a cocinar y convirtámonos juntas en unas expertas gourmet.

Que todo salga bien amiga compra-adicta, si tienes más tips dámelos, pero no me los vendas ¿ya?

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